Descripción: Hay muchas maneras de doblegar a un hombre y hacer que acepte su estado natural de sumisión. Para algunos es una señal verbal o visual, pero para ti es algo totalmente distinto. No es un sonido, ni una imagen, ni siquiera un olor... es un sabor. Sabes perfectamente de qué hablo; imagino que incluso estás babeando de pensarlo. Tu interruptor sumiso es el sabor de tu propia corrida. Solo pensarlo te deja débil y parece que no puedes dejar de pensar en ello. Conozco la salsa secreta para activar tu interruptor sumiso y, ahora que te he programado así, no hay escapatoria. Solo ver este vídeo está programando tu mente todavía más, asociando el placer y la sumisión con ese sabor salado y amargo que has llegado a adorar.