Y ni siquiera es ella quien hace la mayoría de las escenas de acción, sino su doble, a quien le reemplazan la cara digitalmente por la de ella. Está claro que se entrenó duro para verse físicamente creíble en el papel, pero hacer las peleas de verdad es otra cosa muy distinta.
Lo que le hicieron a Ryu y a Ken es imperdonable, convirtiéndolos a los dos en hombres inseguros y deconstruidos para complacer la agenda woke. Ryu se lleva el peor trato de todos: básicamente le hacen un "Jake Skywalker", lo pintan como un perdedor acabado y luego traicionan por completo a su personaje con la revelación de la jugada sucia que le hizo a Ken. Es comparable a esa escena infame en la que Luke Skywalker considera matar a su propio sobrino mientras duerme.
Las referencias gay con varios personajes son igual de insoportables (algo que ya vimos en
Masters of the Universe, que, con todos sus problemas, al menos logra salvar algo de entre los escombros). Y la forma de retratar a Bison como una especie de pervertido nerd es simplemente insufrible. Con todos sus defectos, la película original de
Street Fighter hizo un trabajo decente con Bison, en gran parte gracias al profesionalismo y la actuación del difunto Raúl Juliá. Salí tan encabronado del cine ayer que me descargué la película anime del '94 apenas llegué a casa
Espero que Callina Liang tenga más oportunidades de mostrar su talento actoral en proyectos futuros (y de regalarnos más eye candy también jaja). Y si le cuesta conseguir papeles en producciones occidentales, siempre puede probar suerte en las chinas o taiwanesas, ya que habla mandarín con fluidez, como se oye en la escena donde se topa con un Ken con resaca.